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El Ciego y la Lámpara

La Parábola del ciego y la lámpara

La Parábola del ciego y la lámpara

Había una vez, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida. La ciudad estaba a oscuras en una noche sin luna como aquella. En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.

Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo.

Entonces, le dice: -¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? ¡Si tú no ves!

Entonces, el ciego le responde:

No llevo la lámpara para ver mi camino. Conozco la oscuridad de las calles de memoria…

Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi…

No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.
Fuente: infoptimismo.

Todos estamos destinados a Brillar

Nuestro más profundo temor…

Nelson Mandela, en su discurso como Presidente de Sudáfrica (1994-1999), pronunció estas palabras del libro de  Marianne Williamson “Regreso al Amor”, que han sido también citadas en películas motivadoras y recomendables, tales como “Coach Carter” (basada en hechos reales) y “Akeellah and the Bee”(conocida en español como “Akeelah contra todos” -aunque en realidad es Akeelah con todos- o como “Akeelah y las letras”)

Nelson Mandela - Todos estamos destinados a Brillar

Nelson Mandela – Todos estamos destinados a Brillar

Nuestro más profundo temor no es ser inadecuados. Nuestro más profundo temor es que somos poderosos sin medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad la que más nos asusta. Nos preguntamos, “¿Quién soy yo para ser brillante, hermoso, con talento o fabuloso? “. En realidad, ¿quién eres tú para no serlo? Eres un hijo de Dios. Jugar a hacerte pequeño no le sirve al mundo. No hay nada iluminador en que te encojas para que las otras personas no se sientan inseguras a tu alrededor. Todos estamos destinados a brillar, como hacen los niños. Hemos nacido para hacer manifiesta la gloria de Dios que está dentro de nosotros. No está sólo en algunos de nosotros, está en todo el mundo. Y cuando dejamos que nuestra propia luz brille, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Como estamos liberados de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente libera a otros.

Our deepest fear is not that we are inadequate. Our deepest fear is that we are powerful beyond measure. It is our light, not our darkness that most frightens us. We ask ourselves, ‘Who am I to be brilliant, gorgeous, talented, fabulous?’ Actually, who are you not to be? You are a child of God. Your playing small does not serve the world. There is nothing enlightened about shrinking so that other people won’t feel insecure around you. We are all meant to shine, as children do. We were born to make manifest the glory of God that is within us. It is not just in some of us; it is in everyone. And as we let our own light shine, we unconsciously give other people permission to do the same. As we are liberated from our own fear, our presence automatically liberates others.

Marianne Williamson

Fuente: TranquilizArte.

Todos los días sale el Sol

Hace tiempo que quería escribir un artículo titulado así y creo que hoy es un buen día para ello.

Una de las cosas que más me emocionan y motivan es algo tan sencillo como a la vez mágico… cada día sale el sol, aunque no nos demos cuenta de ello. De esto te das cuenta cuando coges un avión en día totalmente nublado como el de hoy y cuando el avión sobrepasa las nubes ves el sol brillando con todo su esplendor.

Si puedo me gusta sacar alguna fotografía desde la ventanilla del avión, algunas de ellas son muy inspiradoras, como estas que he sacado:

Todos los días sale el sol

El Teide y el sol por encima de las nubes

Amanecer por encima de las nubes en el Mediterráneo

El sol siempre brilla por encima de las nubes

Este concepto me motiva a seguir adelante, a tratar de ser optimista y positivo, a confiar en que por encima de la oscuridad hay luz y ese símil lo he decidido llevar a la práctica en el día a día con la gente que me rodea. Por ejemplo, hay personas con las que por un motivo u otro no conecto o con las que cuando estoy a su lado, me siento incómodo. Creo que yo mismo me centro en las nubes negras que tapan el esplendor que realmente tiene esa persona, por muy detestable que me resulte.

Ese ejercicio de tratar de vislumbrar la luz en la oscuridad de las personas, la belleza en la fealdad o en lo grosero, en la inmundicia y en la enfermedad me resulta de lo más enriquecedor y llena por completo mi ser. Cuando miro con el alma y el corazón en lugar de con la mente empiezo a “ver” y eso es muy grande. Comienzas a comprender por qué ciertas personas hacen lo que hacen y dejas de juzgarlas, criticarlas y hasta rechazarlas.

No es un ejercicio fácil, pero merece mucho la pena y los resultados son asombrosos.

Aquel día decidí triunfar

“Y así, después de tanto esperar, un día como cualquier otro decidí triunfar.

Aquel día decidí triunfar...

Decidí no esperar a las oportunidades, sino yo mismo buscarlas. Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar la solución. Decidí ver cada desierto como la oportunidad de encontrar un oasis. Decidí ver cada noche como un misterio a resolver. Decidí ver cada día como una oportunidad para ser feliz.

Aquel día descubrí que mi único rival no era más que mis propias debilidades, y que en éstas se encuentra la única y mejor forma de superarme.

Aquel día dejé de temer perder y empecé a temer no ganar. Descubrí que yo no era el mejor y que quizá nunca lo fui. Me dejó de importar quién ganara o perdiera; ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino estar siempre subiendo.

Aprendí que el mejor triunfo que puedo lograr es el derecho de llamar a alguien “Amigo”.

Descubrí que el amor es más que un simple estado de enamoramiento; el amor es una filosofía de vida.

Aquel día dejé de ser el reflejo de mis escasos triunfos pasados y empecé a ser mi propia tenue luz de este presente. Aprendí que de nada sirve ser luz si no vas a iluminar también el camino de los demás.

Aquel día decidí cambiar tantas cosas…

Aquel día aprendí que los sueños son solamente para hacerse realidad.

Desde aquel día ya no duermo para descansar… ahora simplemente duermo para soñar.”

—Walt Disney

http://www.youtube.com/watch?v=okiX-qk-BRk

Encontrado en el Blog de Javier Malonda gracias a mi amiga Alba.